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EDITORIAL: SALVAR PERSONAS

Salvar personas

Desde este humilde medio, “Onuba Noticias”, este Director al que le corresponde escribir una editorial en cada número, no tengo más remedio que felicitar a esas personas que, haciendo acopio de valor, salen a la mar a rescatar a pobres personas que de otro modo, en estos momentos serían simples cuerpos sin vida en el fondo del mar. Huesos y carne enterrados en una tumba líquida. Tras haber asistido a las amenazas públicas de los distintos estados hacia los miembros de los distintos equipos de rescate, es lo menos que puede hacerse, agradecer, porque son demasiadas voces criminalizando a quienes se la están jugando por salvar personas de una muerte segura.

De repente están apareciendo informaciones, avaladas por cifras y datos incomprensibles e ilocalizables, y por supuesto completamente interpretables al gusto, como la carne humana en parrilla mediática (la quieres más o menos hecha). Lo que nadie parece querer decirnos desde los medios oficiales es la realidad de cada una de las personas que ha tenido que echarse al mar, tal vez porque esa verdad no les interesa mostrarla ya que podrían caer en igualarnos a cada uno de nosotros a ellos. Se les culpa por tratar de huir y no respetar las normas que desde Europa les ponemos, como si debieran conocerlas todos esos seres humanos  que no conocen nuestro idioma, nuestras costumbres o nuestros deseos. Ellos solo quieren huir, escapar de la miseria o la muerte, llevar a sus hijos a tierra segura en la que no los quemen o se los arrebaten para convertirlos en esclavos del miedo, igual que harías tú con los tuyos si te vieras en esa situación. No puede ser que la diferencia entre el bien y el mal esté marcada por la suerte de nacer en uno u otro lugar, si cualquiera de nosotros hubiera nacido allí y fuéramos nosotros los que hubiéramos logrado llegar a la patera, hacerlo sería sinónimo de algo bueno, pero no, nosotros hemos tenido la suerte de nacer en una tierra y en un tiempo en el que tenemos derecho a comer todos los días y a pisar suelo firme sin que por ello merezcamos recibir un balazo.

Europa, por desgracia invierte mucho más dinero en mirar para otro lado, y en poner murallas de todo tipo y cada vez más grandes. Se invierte dinero en otros países para retener a los que tratan de conseguir una vida digna, pero no se vigila cómo se utiliza el dinero que pagamos de los fondos de los estados, es decir, de nuestro dinero. Es pura maldad. Si realmente le interesara a la Comunidad Europea de algún modo ser realmente merecedores de ese Nobel que se le concedió, si realmente hicieran honor a eso que dicen acerca de la Europa de los Pueblos, visitarían los centros de detención a los que llevan a los que expulsan a Libia, y así podríamos mirar a la cara al horror que estamos financiando. Pagamos por esclavizar, torturar y violar, eso sí, tras unas cortinas para que no salga nada de eso en las pantallas de televisión. Pagamos a países por impedir que puedan salir pateras a nuestras costas, pero olvidamos comprobar cómo se lleva a cabo por lo que soltamos nuestro dinero, tal vez porque nos avergonzaría demasiado comprobar la realidad. Tal vez habría que comenzar a ver mafias más allá de las que nos venden, porque en definitiva son muchos los que reciben dinero a costa de tratar con personas, para dejarlos salir y para retenerlos. ¿No es acaso una barbaridad condenar a las víctimas y tratarlos como a los culpables? 

Este humilde semanario, ocupado de las cosas que pasan en Onuba, no puede abstraerse de la polémica generada en estos últimos días en toda España y que no iba a ser distinto con nuestra localidad, entre otras cosas porque hemos presenciado discusiones al efecto en nuestros bares, en nuestras calles, acerca de si el Open Arms trafica con maleantes apoyando a mafias o simplemente rescata seres humanos antes de que fallezcan en el ataúd en que se ha convertido el Mediterráneo. Nos ha avergonzado a algunos miembros de este equipo editorial, escuchar algunas opiniones que demuestran la vileza a la que se puede llegar y que justifican esa teoría de traficantes, avaladas por discursos xenófobos lanzados desde diversas organizaciones que sin datos de ningún tipo, simplemente lanzan mensajes de odio populistas. Ante esto no podemos callar, porque nuestro pueblo nunca fue así. En Onuba siempre se recibió bien a todos los que vinieron a disfrutar de nuestras calles, de nuestras fiestas, de nuestras costas. ¿No nos acordamos de las familias que llegaron hace tiempo y ahora son ya miembros de nuestra pequeña ciudad? ¿Cómo hemos podido olvidar mirar a los ojos a las personas y oír sus historias que nos enriquecieron siempre? Hablamos de seres humanos como nosotros, de Juan Corrales y su familia, de Emilia Salcedo y su familia, de Miguel Vallermoso y los suyos, de Dimitri y sus hijos, de Juan y Fatna, de Tío Lázaro… no es que sean muchos pero todos los conocemos y son amigos nuestros, vecinos. 

Onuba Noticias brinda sus páginas a todas aquellas personas que han tenido que emigrar para que nos cuenten su historia. Porque en su tiempo, hace ya décadas, la mayoría de casas permanecían vacías ya que sus habitantes habían tenido que marchar en busca de oportunidades. Porque en épocas más lejanas aún, algunos huyeron por no morir y muchos no volvieron nunca, aunque otros sí lo hicieron y sus hijos e hijas saben por lo que tuvieron que pasar. Igualmente esperamos que nuestros amigos que nacieron allende las fronteras, a que nos narren sus historias. Es nuestro pequeño granito de arena en pos de la convivencia, porque solo podemos vivir juntos si lo hacemos sin miedo a lo desconocido, si procuramos conocer más a las personas y hacemos menos generalizaciones que ocultan la realidad y nos llevan al odio entre seres humanos. Por mucho que queramos justificar una muerte, dejar que esto pase es ser cómplice y nuestras páginas no lo serán, porque somos conscientes de que por más que pongamos barreras y trabas, el amor de un padre o una madre hacia sus hijos es más potente que cualquier muralla. 

Por Diego Rodríguez Toribio

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