No sé si opinarás cómo yo pero la situación que estoy viendo actualmente en las calles y en esta sociedad, se parece mucho, salvando las distancias, a la que se muestra en una pelicula que vi hace tiempo: “Los Rebeldes del Swing”.
No sé si la habréis visto pero es recomendable ver en una ficción, basada en hechos históricos, como el nazismo fue entrando en una sociedad poco a poco, con normalidad, absorbiendo costumbres y bondades hasta pudrir el modo de vida de toda una nación.
Primero se normaliza un acto repugnante, vistiéndolo de cosa aislado, de anécdota. Se silencian por parte de la mayoría las consecuencias reales de cada hecho y vamos haciéndonos cómplices con nuestro silencio de todo eso que ocurre y que al final acaba avergonzándonos como seres humanos y amordazándonos para proteger nuestra existencia. Quién podría vivir sabiéndose culpable y cobarde, mejor proteger nuestro secreto silenciando la realidad para no desvelar lo que hemos consentido.
Como habrás escuchado en más de una ocasión, hay un poema muy significativo y que resume todo esto:
«Primero vinieron por los socialistas, y yo no dije nada, porque yo no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas, y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los judíos, y yo no dije nada, porque yo no era judío.
Luego vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí.»
Martin Niemöller (1892-1984)
Ocupados de nuestros asuntos como estamos, porque se está creando una sociedad extremadamente egoísta, no somos capaces de entender que poco a poco vamos dejando que los casos aumenten hasta hacer que ni los percibamos por verlos demasiado. Con la suma de los cada vez más actos “aislados”, vamos acostumbrándonos a verlos sin sonrojarnos. Los hemos normalizado y nuestros puntos de referencia varían, siendo capaces de asumir lo que en otro tiempo habría resultado inasumible.
Así es como se normaliza una barbaridad y se abre la puerta a que comiencen a aparecer, a la vista de todos, actos ruines que ya simplemente no nos sorprenden. Cada vez más rápido comenzaremos a ver cambios sociales encaminados a estandarizar esa nueva realidad.
Poco a poco el miedo a denunciar públicamente los actos deleznables se acrecienta, y así las injusticias, con la asuncion de las mismas y su normalización, preceden a un proceso de regularización legal que sencillamente visibiliza el cambio producido en la sociedad. De este modo la Ley avala la normalidad y a su vez limpia conciencias que anteponen la legalidad a la justicia. Qué tranquilidad para aquellos que incluso siendo conscientes de la malead de algunas acciones, las permiten por acción u omisión consciente.
Para lograr un cambio social se hace necesaria la alabanza pública de la tibieza y el egoísmo, de tal forma que ese modo de ver la vida a través del prisma de esas dos características, obtengan el sello de la aceptación común.
Llegados a este punto, uno debe decidir si decide ser consciente o no de cómo nos están arrebatando los derechos y de cómo la sociedad está normalizando la injusticia. Uno debe decidir si es consecuente con la decisión tomada, y sobre todo si va a ser coherente con sus creencias, aunque no coincidan con el estándar que pretenden que asumamos.
Si uno finalmente concluye que no está dispuesto a rendirse frente a esa nueva normalidad que fluye como un rio por el cauce social, es hora de darse cuenta de que defender la libertad, implica militar en la defensa del derecho colectivo y las libertades comunes, lo que conlleva ser beligerante con todos esos “pequeños” cambios que nos rodean y que, si se profundiza, llevan implícita la pérdida de derechos de un modo u otro.
Por último esta reflexión me lleva a la herramienta necesaria para que todo lo descrito sea posible como excipiente de este cóctel nocivo: la perversión del lenguaje. Mediante la modificación de significantes y significados en base a contextos, en esta sociedad actual de los eufemismos, se logra modular socialmente la realidad. Sabiendo esto, todo militante de la defensa de la justicia social (los derechos son algo artificial y cambiante) debe usar la crítica y la autocrítica para analizar esos cambios en el lenguaje encaminados a la normalización de la aberración, y su misión es combatir ese uso perverso del lenguaje que ayudaría a plantar la semilla del fascismo en una sociedad.
Es necesario analizar, no solo cada palabra, sino también los juegos antagonistas que se plantean para que, sabiendo que existe un concepto inasumible, lo que lo combate no sea criminalizado mediante la repulsión de la palabra que lo define. El proceso es sencillo: se busca igualar conceptos distintos a fin de ser analizados en el mismo plano, como extremos contrapuestos, para que los tibios, la mayoría social, los rechace por simple asuncion de que los extremos son malos, sin más, o se acepten porque si uno se asume, el otro debe también de aceptarse para que haya un equilibrio. Pero lo cierto es que esta forma de hacer las cosas es un error y para ejemplificarlo nos serviría observar cómo se llega a igualar ser fascista o antifascista, planteándolo como dos extremos opuestos pero ambos execrables por ocupar los extremos, cuando en realidad un término, el fascista, refleja el odio al diferente (entre otras cosas), y el otro, el antifascismo, es una respuesta a esa idea perversa y que nos acercaría a la aceptación de todas las personas. Igual pasa con esa equiparación de feminismo o machismo, cuando uno, el machismo, encarna la presión y creencia de superioridad de un género sobre el otro (masculino sobre el femenino) y el otro, el feminismo, supondría la igualdad en derecho de los géneros.
Al final todo se basa en esa teoría de la realidad dual en la que no se entiende o no es posible la singularidad.
Finalmente en esta entrada y ya que hablé de la película, te recomiendo que la veas y que comentes: “Los Rebeldes del Swing”. Verás que refleja muy bien lo que he comentado a lo largo de esta entrada.
Y así me despido, dejando en el aire esa teoría de la Realidad Dual de la que hablaremos otro día si te interesa.

