Cuántas veces hemos oído hablar en televisión, últimamente más, acerca de los coches eléctricos como la panacea de la solución medioambiental de nuestro tiempo y por ende, de que se convertirán en una especie solución para la salvación humana gracias a la energía acumulada en baterías (¿no es curioso como sube ahora el recibo de la luz en paralelo a la implantación de un modelo energético sostenible basado en lo eléctrico?). Baste ver los anuncios, epicidad incluida en algunos de ellos para comprobar esa venta de valores humanos y ecológicos asociados a la compra de nuevos coches con nuevas energías. Nos plantean en estos escaparates televisivos el transporte particular mediante motor eléctrico como algo totalmente integrado en la naturaleza, sin ruidos, sin humos, con el premio adicional de la suma felicidad de los conductores que sonríen como parte del paisaje amable de ciudades inexistentes por su planificación urbanística perfecta y modernista. Nos plantean un nuevo modo de sociedad basada en el cambio que suponen las nuevas adquisiciones como valor humano absoluto en el que, a toda pantalla, se nos enseña una mezcla de satisfacción por una nueva posesión, sabiendo que con ella estamos contribuyendo a salvar el mundo. Pues bien, dicho lo anterior, me temo que en este caso me toca expresar mi incredulidad por todo este bienestar, producto de otro ejercicio más de mercadotecnia muy bien estudiado por parte de los agentes económicos implicados.
Los coches eléctricos, debo decir que no son más que una parte de un sistema consumista insostenible en el que lo importante sigue siendo poseer más que beneficiar al medio ambiente o a la vida de aquellos para los que se supone que se mantiene ese sistema social. La clave es por qué pensamos que es la salvación o simplemente parte de ella. Tenemos un problema de generación de contaminación y residuos, aparte de un mundo cada día más desigual en el que se está llegando a abandonar a sociedades enteras a su suerte para seguir manteniendo el negocio extractivo. En pos del bienestar de una parte se les paga a gobiernos que esclavizan a su pueblo, y mientras nosotros levantamos muros para que los esclavos no escapen y se pueda seguir manteniendo el privilegio de una parte de la sociedad. Tengo que aclarar que hasta en el mundo de los esclavos había categorías, y podríamos decir que en algunos lugares existe esa neoesclavitud y en otros existe el neofeudalismo en el que no existen esclavos, existen siervos, y en ambos existen la clase dominante que es la que se beneficia de este sistema que quiere mantener a toda costa.
Pero no me quiero ir del tema que nos ocupa. Cuando hablamos de generar un nuevo parque móvil, ¿nos hemos planteado acaso si se va a fabricar menos? Porque hay que decir que fabricar contamina y nos hace perder miles de vidas. ¿Acaso se va a dejar de fabricar y producir sin medida? ¿Vamos a dejar de crear guerras por la obtención de nuevos materiales para la producción? Mucho me temo que no, por más que las guerras que se libren por su obtención se lleven a cabo en países muy alejados en los que es complicado poder informar de lo que sucede en ellos. Y lo más importante, ¿va a haber menos vehículos en nuestras calles? No parece que esta sea la intención, ya que precisamente lo que se busca es más bien lo contrario, que haya un simple cambio del combustible en los vehículos, pero en este caso, aumentando el número de automóviles porque aumenta el avance del sistema que lo provoca en cada vez más países.
Con la introducción de estos nuevos “juguetitos” lo único que se consigue es evitar hablar de un cambio de modelo, por más que nos vendan que el modelo en sí es la herramienta y su combustible. El modelo real que se oculta es el cambio del paradigma del ser por el tener. ¿Acaso no nos damos cuenta de que por más que se cambie de coche, al final estamos hablando de que estamos jugando como si los materiales fueran finitos, cuando la naturaleza no lo es? ¿No vemos que las materias al final se acabarán y no nos estamos preparando para esto? Quizás la clave radique en tratar de ver el mundo con otros ojos, esos que nos permitirán ver y analizar cómo escasean procesadores informáticos y hay que decidir en que objetos se colocan, y que precisamente son los que más dinero tienen los que se están llevando y se llevarán la partida.
Estamos ante una sociedad descontrolada en el consumo que avanza conquistando países. Lugares en los que hace bien poco no disponían de ese espíritu consumista, de repente han entrado en el mercado globalizado, y por esto ahora se necesita producir más para poder llegar a todos esos que antes no estaban. Al final gana siempre el que tiene más dinero que es el que se lleva los objetos. Pero en paralelo a esto, las fábricas necesitan producir más a más bajo coste, y por eso deciden que deben saltarse todos los controles medioambientales, y los estados que ven que es necesario apoyar ese modo de producir y producir, que por otro lado es el que mantiene el nivel de vida de sus habitantes empleados en ese modo de crear consumo, deciden que antes está mantener el sistema y ya para otro día dejamos el medio ambiente, que no se queja (qué ciegos están).
¿Nos daremos cuenta alguna vez de que igual la clave está en que comencemos a hacer algo mucho más lógico como es el del consumo cercano y programado?
¿Cuánto nos cuesta hacer ese masivo traslado de mercancías?
¿Cuánta contaminación generamos cada vez que pedimos a china un mechero para que te lo traigan a casa?
¿Es sostenible que en cada casa haya cada vez más coches? ¿Es lógico que vivamos cada día más imitando a las sociedades trashumantes que viajan en busca de trabajo porque cada vez hay menos?
¿Necesitamos un sistema en el que propiciamos la precariedad como modo de subsistencia habiendo riquezas por todos lados?
¿Es lógico que haya gente que no tiene ni para comer mientras están generando dinero a mansalva para gente que no sabe ya ni lo que tiene?
¿Es lógico vivir para trabajar en vez de trabajar para vivir?
¿Son los robots esos objetos que facilitarán un mejor modo de vida o sin embargo serán los que destruya tu modo de vida y te dejen arrumbado como un objeto?
Cuántas más preguntas podríamos hacernos de este estilo y cuántas realmente nos hacemos. No nos hacemos preguntas porque no queremos oír las respuestas, o bien porque pensamos que no tenemos nosotros la respuesta porque en este sistema no la tienen. Hemos aceptado tanto lo que nos dicen que hemos abandonado esa capacidad de reflexión que como seres humanos debiéramos tener.
Y una vez que has llegado hasta aquí y que te has comenzado a hacer preguntas, seguro que hay una que comienza a rondarte por la cabeza: ¿Realmente estás seguro de que al final la producción de coches eléctricos es la panacea? Igual habría que plantearse que son el nuevo juguetito que vendernos, algo que podrán hacer masivamente, máxime cuando todos estemos convencidos de que si conducimos un coche de combustión somos muy malos, eso sí, si llevamos un coche con una batería para las que habrá serios problemas de reciclado y que serán otro problema contaminante, ya no lo seremos. Igual habría que plantearse que tras todos estos anuncios publicitarios simplemente se encuentra ese afán por cambiar el modo de pensar de las personas creándoles una necesidad que, además, les ayude a pensar que están contribuyendo a cambiar el planeta sin ningún tipo de esfuerzo más que el económico de comprar otro nuevo objeto.
Los cambios necesarios son tan profundos que desde luego no caben en esta entrada, por eso con ella solo llamo a la reflexión, a que trates de ver que el cambio es posible pero que es mucho más profundo de lo que nos venden, precisamente los que quieren seguir manteniendo su poder y que juegan a lanzar cada poco tiempo nuevos cambios que conllevan nuevas compras. ¿Te has fijado que tras vendernos la necesidad de la movilidad eléctrica y que todos lo veamos como algo necesario e incluso salvador, desde ese mercado económico camuflado como política europea, se les han dado miles de millones de dinero público a las empresas encargada de la movilidad eléctrica para que puedan seguir haciendo negocio? ¿Nos hemos percatado de que con nuestros impuestos y prácticamente por la cara, estamos financiando el cambio de maquinaria de las empresas que ahora deben dejar de producir sus modelos de combustión que se van a quedar obsoletos? Es más, yo me atrevería a lanzar otra pregunta ya que estamos en este espacio tan reflexivo, ¿cuánto va a ser el beneficio que vas a sacar de esa inversión con dinero público destinado a empresas que van a reconstruir sus fábricas? Al final va a resultar que todos los millones que van a servir para modernizar la industria y sacarnos de la crisis en Europa no son más que el resultado, como en tantas ocasiones, de la socialización de las deudas privadas y de la privatización de los beneficios públicos.
Ya es hora de darnos cuenta de que mientras unos se movilizan con nuestro dinero, el que les pagamos por los caprichos que nos venden, otros solo pagamos y nos callamos entretenidos tras una pantalla. Ya es hora de cambiar las cosas de verdad, tratando de ver los entresijos del sistema para no caer en su laberinto. Piensa por ti mismo, piensa que eres parte de la naturaleza y realmente lo que deberíamos hacer es protegerla. Tal vez nuestras decisiones nos lleven a pensar que nos costarán más trabajo porque nos harán salir de nuestra zona de confort establecida, pero igual esos cambios nos lleven a crear una sociedad mucho más justa en la que todo el mundo pueda aspirar, por fin, a ser feliz y a sacar todo su potencial.
Igual es hora de plantearse si el coche eléctrico nos hará más felices o simplemente será un nuevo eslabón de la cadena capitalista globalizada.
YA ES HORA DE VIVIR.
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