Al final se llevan las cosas a puntos en los que la política no es más que una plataforma desde la que azuzar a personas para que carguen unas contra otras, para después lamentarse de las heridas causadas por las otras y condenar solo a las otras. La ceguera política llama a la violencia en todas sus formas sin medir las consecuencias, porque piensan que con el control de las armas y la violencia por el estado siempre habrá unos que ganen sobre otros, con o sin diálogo. La dictadura de las pelotas de goma.
Pero es que esto no va de vencer, nunca debiera haberse caído en ese extremo, porque eso nos lleva a que los vencidos no convencidos alimentaran un odio que pasara de generación en generación sin que nadie pueda pararlo. Esto no va de arremeter contra las ideas del contrario en base a ideas firmes e inamovibles, contrarias a las del enemigo. Es que esto no es una batalla contra enemigos, porque las personas no somos enemigas aunque alguien nos empuje a creerlo ciegamente.
La solución no pasa por la imposición violenta de ningún bando, ni por mensajes fáciles que atienden a la justificación, a base de anécdotas que pueden equiparar una sociedad a un patio de vecinos. La solución siempre pasará por el diálogo sincero, y viendo el estado de las cosas, por la prudencia, la calma y el debate social, porque se ha demostrado que el debate político sólo sirve en este caso para incendiar la convivencia, lamentablemente por la búsqueda de votos y poder. Es la gente la que debe ser capaz de pararse y pensar, y por supuesto debe ser capaz de debatir y racionalizar las cosas alejándose de las consignas facilonas que nos lanzan los políticos y políticas de turno encaminadas a que ellos mantengan su sistema y sus intereses.
Hay una pregunta que sería interesante contestar para entender lo que comento: ¿cuándo fue la última vez que tú decidiste algo en tu estado? Y no va referido a cuándo echaste una papeleta en una urna para elegir a los políticos de turno que hacen lo que les da la gana independientemente de las promesas vanas expresadas en programas que nadie lee, sino que me refiero a elecciones como las de en qué invertir los presupuestos o qué nuevos derechos podemos adquirir, o cómo queremos que sea España o qué leyes tener…
Al final a la ciudadanía se la ha convertido en meros peones en su juego, en el que no participamos más que para dejar la vida por intereses ajenos a los nuestros. Somos carne de cañón alimentada con titulares llenos de grasa y colesterol que desayunamos, merendamos y cenamos porque son fáciles de adquirir, nos los meten por los ojos cada día. Lo que existe es lo que vemos por más que lo que vemos sea diferente, pero quién va a tener razón, la televisión o tus ojos que ven lo que te rodea. Los medios ya se encargan de explicar lo que no somos capaces de asumir por absurdo. ¿Cómo asumir que unos no tienen ni para comer cuando vemos que otros se forran con nuestro hambre? Alguien tendrá que explicarnos que nuestro dinero de la comida tiene que pagar su Ferrari y su estilo de vida porque ellos nos dan trabajo que no la comida suficiente para seguir trabajando al día siguiente. Y tras sus explicaciones la ciudadanía acata porque no tiene. Más remedio al ver cada individuo que solo no puede hacer nada, y claro, la televisión no nos ha explicado que juntas y organizadas las personas son fuertes, y si la televisión no lo explica es que no existe.
Y ojo, que como en nuestro medio no somos de callarnos, pienso que la sentencia de los políticos catalanes es desmedida y que no debería haberse llegado a ello. Pero no se me olvida que hay muchos encarcelados y encarceladas por defender sus ideas o por mera injusticia (que se lo digan a Alfón que parece que no ha ocurrido porque los medios lo olvidaron desde el principio), y sobre todo no se me olvida que los mismos que hablan de constitución, justicia y leyes, no tuvieron problema en cambiar las leyes para criminalizar a los activistas que luchan por derechos, o para dejar de llamar imputados a los imputados porque les avergonzaba, o que juegan con esas leyes y normas para asesinar forzando la omisión de socorro en el mar, o vendiendo armas a regímenes totalitarios, o provocando falta de medicamentos que podrían salvar vidas; o cambiando la constitución para que los bancos al final reciban el dinero de forma asegurada aún a costa de derechos básicos. ¿Seguimos? Un ejemplo basta como botón de prueba, el botón es Botín, el todopoderoso que tiene el privilegio de que le hayan dedicado hasta una doctrina procesal encaminada a crear intocables jurídicos.
Por eso digo que la única solución es la rebelión de los peones. Una rebelión pacífica, de conciencia y de actuación con consensos y convencimiento, más allá de episodios puntuales que se saldarán con más medidas restrictivas para que los peones no hablen y sigan muriendo por salvar a su rey.
Firmado: Diego Rodríguez Toribio
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