No a la guerra 

no más guerras

Tras todo lo que está ocurriendo en Europa con la invasión rusa de Ucrania, observo que se están realizando infinidad de análisis económicos, militares, de política geoestratégica e incluso análisis históricos acerca de por qué se ha llegado a esta situación. Sobre estos análisis, si son serios, poco tengo que decir, pienso que los expertos que los hacen conocen mucho más este tema que yo, es su oficio, pero tengo que decir que en mi caso, lo que siempre me ha interesado ha sido la gente sacada del número y las estadísticas, entre otras porque yo soy también gente, de hecho lo creas o no, tú que me lees también eres gente, con más o menos poder, con más o menos conocimiento, pero gente al fin y al cabo. Pues bien, desde ese punto de vista, lo que yo observo en este o en cualquier otro conflicto es a ese conjunto de personas a las que en la mayoría de los casos eso de la geoestrategia ni les suena, pero sin embargo son los que sufren las consecuencias de lo que decide una elite de la sociedad que cree que forman un mundo aparte desde el que pueden decidir por todos, y que en este caso, en Ucrania, han elegido la guerra como modo de expresar su superioridad a todos los niveles, incluida la manida y dichosa geoestrategia. Son matones que juegan con las vidas de seres humanos en una partida de ajedrez en la que todos los escaques son rojos y no hay reglas. 

Lamentablemente me he encontrado con muchas críticas cuando expreso mi opinión acerca de esta guerra y señalo a Putin como una persona insensible, como a un criminal; y no me cuestionan porque piensen que el dictador ruso pueda ser inocente, sino sencillamente porque me piden… informan… exigen… que amplíe el foco de mi crítica para señalar a Estados Unidos y a el imperialismo Yankee. Ellos solo son capaces de ver el mundo a través de planos, de planes y números, y desde ahí no se siente el daño individual, solo cabe la observación de esa política de bloques y culpabilidades compartidas.

Nos hemos acostumbrado desde pequeños a vivir en un mundo en el que se ha asumido la dinámica de la acción-reacción, y hemos ido montando paradigmas de bondades y maldades sin pararnos a pensar que ni siquiera conocemos cómo se inició o quién inició qué, simplemente hemos asumimos que existen bandos y que el nuestro es el correcto. Siempre se apela a la historia para justificar una reacción, la que nos parece más afín y que marca la culpabilidad en el otro lado de la dualidad. Hemos vivido en los últimos tiempos esta suerte de pelea de gallos en la que hemos podido ver como el fascismo se contraponía a la democracia, o el comunismo al capitalismo, ideas antagónicas que generaban un peligroso conflicto con un punto en común entre todos ellos: el miedo implantado en la sociedad para impedir pensar en lo colectivo e implementar en nuestro día a día el odio al contrario y, por supuesto, el afianzamiento de esa idea de estar en el bando correcto. Saber que los otros son los que yerran permite ocultar los desmanes del lado en el que uno se encuentra. Por mucho que los de tu lado hagan siempre habrá sido producto de una reacción a una provocación. Todo justificado y calma interior.

Lo curioso de esta lógica del “o conmigo o contra mí” es que si uno decide no entrar en ese juego, siempre habrá quien de forma bienintencionada te quiera hacer volver al pensamiento mayoritario recordándote cuál es tu lugar. Pues bien, como dije, personalmente lo que me interesa es la gente y por eso, en el caso de Ucrania, he lanzado mi crítica hacia Putin, por ser él quien ha ordenado las acciones que conllevan la muerte de civiles desarmados e inocentes. Algunos entienden que nombrando solamente al dictador ruso, exculpas a los imperialistas americanos porque no los nombras y por tanto te alineas con ellos. Pues bien, a mí me da un poco igual lo que piensen, porque el día en que no pueda expresarme entenderé que yo mismo tengo un problema por esa autocensura que nos lleva al pensamiento único. Ante el argumento falaz y por tanto absurdo de la generalización, me hago algunas preguntas destinadas a aquellos que me indican lo que debo decir. ¿Acaso en cada mención a una guerra hay que nombrar todas las guerras? ¿Es más bueno quizá el líder criminal porque haya otros igualmente asesinos? Este es el problema de esta dinámica mental de blancos y negros, que no contempla que la sangre de la gente es roja y cada víctima tiene un rostro que nada tiene que ver con los intereses del estado y sus conquistas, por más que hablen en nombre de ellos quienes no les han preguntado.

¡NO A LA GUERRA!

Cuando digo “¡No a la Guerra de Ucrania!”, no pienso en los gobernantes ni en sus acciones o excusas, pienso en ese niño que siente como el mundo le ataca y no está a salvo, pienso en esos padres y madres que saben que no podrán proteger a los suyos y que lo único que pueden hacer es huir y buscar refugio; pienso en los jóvenes a los que les dan un arma para que asesinen a otros como ellos, sin saber ni siquiera si van a sobrevivir unas horas, recordando esos sueños que no podrán cumplir mientras escuchan el silbar de las balas y se preguntan por qué están ahí, pienso en las personas que se quedan atrapadas en hogares cuyas paredes son sus recuerdos y no les importa que una bomba destroce los ladrillos porque ellos se quedarán allí velando su pasado aunque esto les cueste la vida, porque su hogar es su tierra y de ella no se moverán.

Al final, Ucrania no difiere de otros conflictos bélicos, porque las guerras son guerras, cuevas oscuras pintadas de sangre de las que huir a pesar de que nos embelesan con épicas razones para empujarnos hacia su entrada. El problema es que hemos montado una sociedad global basada en el conflicto por el poder de unos pocos sobre unos muchos. Seguimos ensanchando un sistema de contrapesos en los que el valor de una persona se pierde frente al precio de las armas que protegen los intereses de los que mandan. No aprendemos por más que, a lo largo de la historia y en cualquier régimen político y económico, haya habido batallas en las que la gente ha sido víctima inocente. Al final y al principio de cada disparo o cada golpe siempre hay poder, el del que mata y el del que muere, contrapesados y presentados al público con gran profusión de fotos y datos para justificar que no fue en vano el sacrificio.

Afirmar que existe un conflicto no es desmontar el resto, y por eso yo seguiré hablando de cada uno por separado aunque tengan relación. Seguiré afirmando que Putin es un criminal, aunque los haya aun con más crímenes. Quiero poder solidarizarme con los que sufren en Ucrania porque hoy hablo de ese país, y no necesito generalizar hablando del sufrimiento mundial, o lo que es lo mismo, me niego a no hablar nunca porque no hay espacio suficiente en el folio para nombrar a todos los culpables en toda la faz de la tierra. Algún día hablaré de la hipocresía que estoy viendo por parte de muchas instituciones oficiales al ser parte de conflictos virulentos en otras tierras y rasgarse las vestiduras en este caso, pero eso no toca hoy.

Podemos, entre todos y todas, cambiar las cosas. Podemos revertir esta violencia y comenzar a ejercer un verdadero pacifismo. ¿Y qué tal si comenzamos a ser responsables de nuestros actos simplemente pensando por nosotros mismos?, porque el problema es que al final siempre nos confunden con mentiras creadas para llevarnos adonde ellos quieren que no es más que a pensar en función de las estructuras mentales que soportan el edificio de su poder. ¿Por qué tenemos que pensar en términos de dualidad? O buenos o malos, que en realidad se traduce en “o todo bueno o todo malo”. ¿Por qué tenemos que admitir pensar que no podemos cambiar nada y que la lucha no sirve? ¿Por qué no usamos la inteligencia para unirnos sin líderes que nos dirijan hacia donde ellos quieren? ¿Por qué no pasamos a la acción en vez de quedarnos esperando a que otros sean los que se mueven? ¿Por qué no admitimos que el riesgo no está en hacer sino en dejar que otros hagan por nosotros? Quien hace tiene más control que quien mira como otro hace.

Creo que podemos avanzar mucho si trabajamos desde el respeto a otros como tú, que en definitiva es tener respeto a la gente. Igual si nos uniéramos en buscar el bien común de todos y todas, sin importar naciones, razas, religiones o cualquier otra cosa, conseguiríamos derrotar a todos esos poderosos que nos quieren desunidos y sumisos. ¿Acaso nacemos para sufrir? ¿Acaso no debiéramos ser libres para ser y pensar? ¿Acaso no somos capaces de derrotar unidos al miedo? Podemos si decidimos unirnos y si iniciamos la verdadera batalla que no es más que la que libramos contra las convicciones que nos han inculcado de que todo es blanco o negro sin más grises, cuando en realidad son nuestros grises los que pueden mejorar el mundo para darle color y vivir en paz. 

¡NO A LA GUERRA EN UCRANIA! 

¡NO A LAS GUERRAS!

Si quieres cambiar algo, comparte y únete al cambio de la realidad. ¿Cómo? comencemos a proponer. Deja tu comentario.

Comentarios

Deja un comentario y entre todos y todas enriquecernos el blog. Gracias