Diego Rodríguez Toribio Huelva Marisa tenía unos cincuenta años, una suposición siempre porque hacía bastante que la edad de la dueña del hotel era una verdadera incógnita, que por supuesto nadie se atrevía a tratar de resolver a la vista de las reacciones de la investigada. Su cuerpo era esbelto. Formas curvosas y amplias que …
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